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Hablar en Málaga de la Casa Larios
es referirse, ciertamente, a una auténtica institución
local. Por su actividad ininterrumpida, por su influencia en
todos los círculos de decisión, por el arraigo
y naturalmente por el monto importante de los negocios, industrias
y comercios que «la Casa» controló desde
la llamada rotonda de Larios, justamente donde hoy se alza el
edificio de la Equitativa, el apellido Larios es parte de la
historia malagueña de los dos últimos siglos.
Desde "La Casa" se influía en las grandes decisiones
políticas, ciudadanas y culturales. Sociedades. empresas
e industrias contribuyeron al desarrollo local; la aventura
del vino la inicia Larios al adquirir las bodegas de Jiménez
y Lamothe.
1 · LAGUNA DE CAMEROS, LA RIOJA.
Los antepasados de los primeros Larios que llegan a Málaga
en los años iniciales de 1800 proceden de Laguna de Cameros,
Logroño. Laguna de Cameros se ubica en el extremo meridional
del curso alto del río Leza, formando parte del partido
judicial de Logroño en La Rioja. Villa muy antigua, aparece
mencionada en el siglo XII en una donación hecha por
don Pedro Jiménez, señor de los Cameros, al monasterio
de Sacramentía; la dote fue el término de Ruete
y en documento, fechado el día 19 de Abril del año
1162, firman como testigos dos vecinos de Laguna.
Hijo ilustre de la villa sería Martín Larios,
primer marqués de Larios. Su padre, Pablo Larios formó
parte de las colonia camerana que se establece en Vélez-Málaga
y en Málaga capital. La colonia camerana en la ciudad
de Málaga, hizo aflorar, a niveles personales, grandes
figuras de los negocios a lo largo del siglo XIX malagueño.
2 · LOS LARIOS SE ESTABLECEN EN EL SUR.
Así pues, un viudo con varios hijos hace su aparición
en Málaga a comienzos del siglo XIX: Pablo Larios. Estamos
en los años inmediatamente precedentes a la invasión
francesa. Málaga es una comunidad en auge y tiene, todavía,
muchas cosas por hacer. Este Pablo Larios, con el tiempo, llegaría
a ser el jefe espiritual de un clan del mismo apellido, cuyas
luces y sombras se proyectarán largamente sobre la ciudad
en que se asienta.
Pablo Larios era viudo de Ana Llera y de Gregoria Herreros y
ya, para ese entonces, debería ser un señor talludito.
Le acompañan sus hijos todos ellos , lo que nos hace
suponer que dejó en ese momento, y para siempre sus tierras
nativas.
La expedición familiar completa debió
recalar en Málaga, aunque se sabe que Pablo Larios
dispone que algunos de sus vástagos se queden con él
en Málaga, en tanto que otros deben marcharse a Cádiz
para establecerse en dicha capital y, desde allí, intentar
poner casa y representación comercial en Gibraltar.
De esta forma, la familia se escinde a efectos económicos
y comerciales y quédanse en nuestra ciudad Pablo Larios
y sus hijos Manuel Domingo Larios Llera y Juan Larios Herreros.
Para Cádiz-Gibraltar parten Pablo Larios Herrero y
su hermano Martín, de los mismos apellidos. Los primeros
en Málaga y los segundos en Cádiz, inician sus
escarceos mercantiles, comerciales e industriales.
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3 · LOS INICIOS DE LAS SOCIEDADES.
Las primeras fundaciones mercantiles de ambos grupos de las
que se tienen noticias son: Juan Larios Herreros y Manuel
Domingo Larios Llera fundan la sociedad de comercio Manuel
Domingo Larios y Hermano; por contra, Pablo y Martín
Larios Herreros llevan a efecto la fundación de dos
entidades mercantiles. De un lado, Larios Hermanos y Martín
Larios, Lasanta y Compañía, la primera con sede
en Cádiz-Gibraltar, y la segunda, en Cádiz.
Del probable éxito que las mencionadas instituciones
mercantiles tuvieran en Málaga y Cádiz-Gibraltar,
no se sabe apenas nada. Pero si tomamos los datos que nos
facilitan en diferentes estudios l. A. Jiménez y Morilla
Critz citado por el anterior , como, asimismo, las referencias
que a nivel de recuerdos recoge en sus «memorias»
María Pía Heredia y Grund, habremos de convenir
en que las tres entidades primerizas de los Larios debieron
ya producir suculentos dividendos porque, de alguna manera,
ellas representan la consolidación patrimonial y, todavía
más aún, la iniciación de su fortuna
hacia el futuro.
Uno de los hijos de Pablo Larios «el viejo», jefe
del clan, Manuel Domingo Larios Llera, fallece en Málaga
y, como consecuencia de ello, la sociedad Manuel Domingo Larios
y Hezmano entró en liquidación por un año,
y en 1831 Martín Larios Herrero (que fue uno de los
que marchó a Cádiz-Gibraltar) forma nueva entidad
en Málaga viviendo ya aquí y trasladándose
de manera definitiva bajo la denominación de Larios
Hermanos y Cia. y quedaría integrada por el propio
Martín, «que aporta un capital de 120 reales
de vellón, Juan Larios con 70.000 reales, así
como José López Lerdó, que aporta 10.000
reales». En realidad y tal como aclara J. A. Jiménez,
«este efectivo era el pago efectuado por los tres socios
a los herederos de Manuel Domingo Larios Llera por las mercancías,
efectos créditos existentes en la antigua Casa de Comercio».
Siguiendo el rastro de esta primera parte de la historia mercantil
y familiar del clan Larios, llegamos a 1861 un año
antes de la visita a Málaga de S.M. Isabel II , fecha
en que la sociedad últimamente constituida se disuelve
y su promotor interesa a sus hijos, Manuel Domingo y Martín,
la creación de otra razón social a la que denominan
Martín Larios e Hijos, donde el padre sería
socio capitalista, con reserva del 84 por ciento sobre las
ganancias, en tanto que los hijos, como simples socios industriales,
se distribuirán el 8 por ciento.
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4· EMPRENDEDORES.
Para unos, los Larios llegaron a Málaga llamados por
el ya marcado progreso local y con el fin de ampliar negocios
y actividades mercantiles; para otros, la familia Larios vino
con una mano atrás y otra delante «en busca,
al igual que Heredia, de prosperidad...». Queda, pues,
en entredicho, la motivación que les obligó
a instalarse en la ciudad. Pero está claro que el río
Cameros, en la provincia de Logroño, no bañaba,
ni entonces ni ahora, el progreso nacional. El progreso, en
todo caso, estaba en Málaga, fijando, tal como dice
J. A. Jiménez, un «movimiento migratorio norte-sur,
opuesto al actual» sur-norte. Claro está que
el «progreso» estaba terne y esperando a los más
aventurados, a los decididos foráneos que sabían
hincarle el diente a las frutas que los propios malagueños
rechazaban, de manera que una mano de obra barata, unido a
todo lo que había que hacer y que afín no se
había intentado por los propios malagueños,
junto a precios crecientes y demandas constantes, el negocio
era seguro para todos aquellos que de manera decidida y sin
temer a nada afrontaban el desafio del tiempo a vivir. Más
claramente expuesto, y como le sucedería al propio
Heredia y los primeros y más sustanciosos beneficios
de la primera generación de los Larios, «el capital
tuvo su origen en la guerra de 1808 contra los franceses,
a consecuencia del comercio que a raíz de ella se estableció».
Con esta realidad, que tanto prejuzga respecto a aquella clase
de afrancesados caballeros que iniciaron sus fortunas en la
España invadida, se explican los éxitos personales
en lo económico e industrial , tantos más exitosos
cuanto más rápidos.

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